
A priori no suponía ninguna sorpresa, y bastante había hecho el equipo con llegar al Mundial, pero claramente no era suficiente para el país. Y es que a su llegada, tanto los jugadores como el entrenador, Kim Jong-Hun, fueron obligados a situarse en un pedestal en el Palacio de la Cultura Popular, y permanecer de pie durante seis horas mientras más de 400 personas se burlaban de ellos.
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